Como siempre, cuando se acerca la Navidad y el cambio de año, es normal que miremos hacia atrás, a los doce meses que hemos pasado del año que se va y que tratemos de hacer balance. Tengo todos los motivos para pensar que este ha sido el año más viajero de mi vida a pesar de haber tenido años anteriores excelentes.
En alguna ocasión, hace ya algunos años, leí que para que un año sea bueno "viajeramente" hablando, había que preparar una maleta el día 31 de diciembre y ponerla en la puerta de la casa. A las doce en punto debía cogerla y dar una vuelta a la manzana. Aquel año recuerdo que hice la maleta como si realmente me fuera de viaje esa misma noche, no le faltaba un detalle. A las doce en punto, tras tomarme las doce uvas con mi familia, bajé corriendo a por mi maleta y di la vuelta a la manzana para mi sorpresa acompañado de los aplausos de algunos vecinos. Desde entonces, todos los años hago el mismo ritual, aunque reconozco que últimanente ya no salgo a la calle, aunque la maleta siempre está en la puerta de mi casa en Nochevieja.
Pues, como decía antes, el 31 de diciembre de 2010 debí preparar una maleta perfecta, ya que el año no ha podido ser mejor.
El año viajero comenzó con un fin de semana en Cartagena de Indias a mediados de febrero. Ya era la tercera vez que visitaba esta joya anclada en el pasado en un rinconcito del mar Caribe.
Unas semanas más tarde, me sorprendí navegando por el Amazonas con mi hermana y su marido. Es todo un espectáculo para los sentidos. Tuvimos la suerte de ver los delfines rosados y de caminar hacia el interior de la selva más grande y misteriosa del mundo.
Llevaba muchos años soñando con tener a mi lado a los últimos gorilas de montaña del Planeta, y en julio me fui con mi hermana a Uganda y Ruanda en su búsqueda. Fue uno de los viajes más espectaculares que se pueden realizar por tierras africanas. Hicimos safaris en dos parques naturales ugandeses encontrándonos muy de cerca con leones, leopardos, elefantes, jirafas y cientos de animales de la sabana. Navegamos el Nilo en un trepidante rafting y recorrimos paisajes de sueño. Finalmente, llegamos al parque natural de los Volcanes, en Ruanda, donde una gran familia de gorilas nos hizo vivir unos momentos realmente únicos.
A mediados de agosto disfruté del mejor café del mundo, en el eje cafetero de Colombia.
En septiembre cambié la naturaleza por La Gran Manzana. Pasé 6 días recorriendo todos los rincones de Nueva York y disfrutando de sus tiendas de diseño en el Soho, de sus restaurantes mirando el puente de Brooklyn en el Pier 17, soñando con volar agarrado de un paraguas con Mary Poppins en Broadway o sentado en las escalinatas mientras las infinitas luces de Times Square me quieren despertar del sueño de estar en el centro del mundo.
Por último, en octubre me fui a recorrer uno de los lugares más mágicos que hay en la Tierra, las Islas Galápagos, en Ecuador. Este es un viaje a la naturaleza más prehistórica y a los paisajes más vírgenes. Nadamos con decenas de tortugas marinas, nos bañamos en aguas totalmente turquesas, nos asomamos al cráter del segundo volcán activo más grande del mundo, paseamos entre leones marinos y vimos algunos atardeceres sobre las aguas del Pacífico que no olvidaremos jamás.
Aunque sea muy difícil de superar, este año, el día 31 volveré a tener mi maleta preparada en la puerta de casa para soñar de nuevo con vivir sensaciones en cualquier rincón de esta hermosa Tierra donde vivimos.